2015, el año del Big Data: así se usará tu experiencia para crear nuevas películas y series

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Hasta ahora, cuando un creador de contenido audiovisual se sentaba frente a la hoja en blanco y se dejaba caer en manos de las musas, solo tenía que dejarse llevar e imaginar. Hasta ahora, sí, porque la creciente aceptación de las nuevas formas de consumir contenidos, principalmente el vídeo bajo demanda y las conexiones en streaming, están proporcionando a las compañías responsables de la creación de estos contenidos unos datos que son un auténtico tesoro.

A diferencia de la medición de audiencias tradicional, la que no es más que una estadística que responde a unos comportamientos más o menos predecibles, con sus márgenes de error y sus dificultades para proveer datos precisos, el consumo bajo demanda de series y películas proporciona datos exactos, con una información tremendamente valiosa que cambiará por completo la manera en que se crea, dejando la inspiración en un injusto segundo lugar para hacer de los datos objetivos el centro de la creación. Veamos algunos ejemplos

  • Aceptación de los diferentes actores y directores: cuando disponemos de una larga lista de productos entre los que se puede elegir, es fácil conocer qué actores son los más demandados, los que arrastran a un mayor número de espectadores. No es lo mismo afirmar que Julia Roberts es un gancho excelente como protagonista de una película cuando Pretty Woman es elegida como principal opción de la noche, en competencia con apenas un par de películas más emitidas en prime-time, que hacerlo cuando se trata de la primera elección entre una oferta de cientos de películas. Este dato es aún más revelador cuando podemos medir el hecho de que los usuarios busquen directamente una película de un determinado actor o director por su nombre.
  • Género: del mismo modo que ocurre con las caras y nombres conocidos que participa en una película, su género es en muchas ocasiones determinante a la hora de conocer los gustos medios de los consumidores. Que las vacaciones son muy dadas a hacer grandes las películas infantiles, juveniles o con temas navideños es fruto principalmente de la oferta en salas, que mayoritariamente tiende a ofrecer este género; distinto sería si comprobáramos que en febrero o mayo se sigue buscando el mensaje familiar y esperanzador de las películas navideñas, algo hasta ahora imposible porque, sencillamente, no existe la oferta.
  • Dónde se abandonan las series y películas: no te sorprendas, si consumes contenidos en streaming, pues al otro lado saben cuándo y por qué dejas de ver las cosas. Bueno, el porqué quizá tengan que adivinarlo cruzando otros datos pero, si existe un patrón, ten por seguro que algún programa de analítica de datos terminará por reconocerlo. También saben si rebobinas y ves una y otra vez alguna escena concreta por lo que, si eres fan de un actor secundario que apenas aparece un ratito y detectan que mucha gente recupera esa aparición una y otra vez, no te extrañe si termina apareciendo como protagonista en muy poco tiempo.
  • Duración de los contenidos: a efectos televisivos, nos quejamos con frecuencia –lo hacen muy especialmente los productores-, de la dificultad de sacar adelante una serie con ritmo cuando los episodios deben durar unos, a menudo eternos, 70 minutos por pieza. A diferencia de las series norteamericanas, que promedian los 50 minutos por entrega, en España deben buscarse tramas secundarias para rellenar un tiempo que es el que hace rentable la emisión de ese producto. Con la medición de audiencias tradicional, no sabemos cuántos espectadores se han quedado dormidos frente a la pantalla en los últimos 20 minutos de la serie, ni siquiera si en algún momento volverán a ver ese trozo de episodio que les quedó por el camino. Nada que ver con los datos que proporcionan las aplicaciones online, que tampoco saben si te has quedado dormido pero sí pueden adivinar hasta dónde llega tu atención en función de las veces que repites la última parte de los episodios, o qué hora es más propicia para que consigas verlos completos o incluso cuándo tienes tiempo para verlos de dos en dos.
  • Efecto Wow! Esta es la mejor y, al mismo tiempo, más peligrosa información que puede tener un creador de contenidos a la hora de sentarse a escribir un nuevo guión de una película o serie. ¿Qué momentos son los que hacen a los espectadores vibrar? ¿Con qué se emocionan tanto como para parar, rebobinar, repetir? Combinemos aplicaciones a medir y evaluemos también ¿Con qué se vuelven tan locos como para ponerse a tuitear como posesos hasta convertir en Trending Topic el programa? Todo el mundo sabe que algunos giros de guión son un acierto seguro, que algunas muertes desatarán la ira de los fans o que un romance inesperado puede hacer que más de uno se quede enganchado cuando menos se lo espera o al revés, que opte por abandonar pero haya tantos otros que sorprendan. Datos, datos y más datos que, cruzados, medidos y convenientemente analizados, proporcionan una información hasta ahora solo imaginada, pero nunca probada. Un peligro para la naturalidad del relato audiovisual, que se puede ver forzado a provocar esos momentos más frecuentemente de lo que resulta lógico e incluso fresco, matando la creatividad.
  • Promos adaptadas al cliente: toda esta información de clientes y consumidores permite algo igualmente interesante y que completa el círculo virtuoso del análisis de datos, la creación de promociones adaptadas a cada cliente. Esto es algo que en Netflix, auténticos maestros de gestión del big data en el sector audiovisual, han sabido hacer muy bien y que les llevó a crear hasta una decena de promos diferentes para el estreno de House of Cards, promos que se distribuían entre sus clientes en función de sus pautas de consumo. De esta manera, imaginemos que una serie como Isabel podría captar a sus espectadores tanto si se trata de aficionados a los contenidos históricos, como si lo son al romance apasionado o incluso las series bélicas. Basta con tomar unas u otras escenas para montar una promo adaptada a cada tipo de usuario y podemos pensar que estamos ante series diferentes, cuando tan solo se trata de hacer hincapié en unas facetas u otras de un mismo contenido.

¿Es o no es apasionante? Sí, y también muy invasivo pensareis algunos, asustados con la posibilidad de que todo lo que hacéis cuando consumís vídeo online pueda estar ‘fiscalizado’ desde el origen. Puede ser, pero nada que no permitamos ya a supermercados y grandes almacenes cuando pasamos nuestras tarjetas de fidelización que nos reportan pequeños descuentos a cambios de grandes cantidades de datos. Todo lo que hemos visto son tendencias de futuro que se irán incorporando en los próximos años en todo tipo de actores (en televisiones, en productoras, en empresas de medición de audiencias…). Es un cambio de era imparable en todos los sectores, y el del entretenimiento no podría ser una excepción.

Créditos de la imagen: Tyler Olson

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Publicado en: cine

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