El arte es tan valioso como la ciencia: paguemos y admiremos a los creadores

El fotógrafo Luis Malibrán hace una foto a la modelo Nieves Álvarez, con la ayuda de una persona que ilumina la estancia
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¿Es la ciencia más importante que el arte…? Crear arte es igual de valioso como trabajo que hacer ordenadores o cultivar y vender patatas. Punto. Tengo que confesar que fui pasando del cabreo a la resignación y después a la justificación, que mola menos, pero ahí me lleva la impotencia que siento cada vez que trato de justificar ante personas con un mínimo nivel cultural y un cierto compromiso social, que la creación artística tiene el mismo valor laboral que la elaboración de ordenadores portátiles o la venta de patatas por kilos, dos referentes indiscutibles para estas personas en concreto.

Es penoso soportar cómo alguien me justifica que se puede bajar una película, un libro o una canción de internet “porque está allí”… y más fácil aún, una cita sin autor, una foto sin fotógrafo o un diseño sin diseñador.

Ahora se han vuelto a considerar importantes las asignaturas de humanidades y se exige a las universidades que vuelvan a prestigiar la filosofía, la historia, el estudio de lenguas muertas… porque se vuelve a dar valor a la creación personal y al conocimiento de lo que nos ha precedido, nuestra base cultural y emotiva sobre la que hemos formado las relaciones de la sociedad que vivimos hoy en día. Por qué hablamos como lo hacemos, qué conflicto nos hizo dejar de tratarnos bien con aquellos vecinos, qué idea nos hizo romper con aquella creencia.

Y la manifestación física de todas esas emociones es el arte.

Cuando alguna marca quiere recurrir a la parte nuclear de nosotros para que nos fijemos en su producto, recurre a un poeta (sí, muchos de los redactores de estas frases escriben novelas o libros de poesía) que crea un eslogan al que luego ponen una imagen para tocar nuestra emoción más indiscutible y nos dicen que nuestro ser querido “vuelve a casa por Navidad”, su producto es muy bueno “porque tú lo vales”, “¿te gusta conducir?”… te entendemos, “bienvenido a la república independiente de mi casa”, te ofrecemos “la chispa de la vida”, me gusta el fútbol, pero “papá ¿por qué somos del Atleti?”.

El mundo de la publicidad está desvalorizado en estos tiempos, pero hay que reconocer que incrustar esos lemas en varias generaciones tiene su mérito. Y a pesar de esa mala fama, en el mundo de la publicidad suele haber aprecio hacia esas habilidades… se pueden “pesar” y “medir”.

Luis Malibrán, durante una sesión de fotografías al bailaor Joaquín Cortés, que posa dentro de una piscina

En la producción de una sola fotografía trabajan muchas personas durante decenas de horas, desde la persona que se patea mil sitios y busca y localiza los mejores escenarios, a los estilistas, maquilladores, peluqueros, iluminadores, modelos, figurantes… y, por supuesto, el fotógrafo. En la imagen, el fotógrafo Luis Malibrán y algunas de las personas que participaron en la realización de una fotografía del bailaor Joaquín Cortés, que pos dentro de una piscina.

Pero no siempre valoramos igual aquella canción que nos dio alas para atrevernos a sobrepasar los límites con aquel amor, esa música que nos ponemos para subir la adrenalina en momentos de bajón, la escena de aquella película que vuelve a alterar nuestras pulsaciones y que nos hizo vivir algo que no hemos vivido en la realidad, aquel libro que nos cambió la forma de ver la vida y de entender la manera en que otros la veían, leyendo sentados en un sofá, esa foto que embellece y amplifica nuestro mensaje o nuestra presentación y de la que ni nos preocupamos por saber cómo se llama su autor.

¿A cuánto creéis que se podría cobrar el kilo de emoción?, ¿cuántas emociones cabrían en dos bolsas de la frutería?… y lo más importante ¿en qué tipo de plantación puedo sembrar más de eso?

Si os fijáis en los créditos que aparecen al final de una película, la lista de nombres y oficios parece interminable… y toda esa gente COBRA por trabajos tan dispares como contable, carpintero, conductor, catering, peluquero… para darnos dos horas de inmersión en una fantasía ensoñadora.

Para hacer un libro, alguien ha empleado todos los días de un año o más, para pensar, escribir y reescribir cada una de esas páginas que leemos en un suspiro. ¿A cuánto le sale la hora, de un libro que no siempre es un éxito económico?

Igual ocurre con los músicos que veneramos y con los guionistas, actores e iluminadores de una película.

Por supuesto que hay malos anuncios, malos libros, malas fotos y malas películas, pero sabéis que no estoy hablando de esos… esos casi ni aparecen en internet o los autores los suben gratis.

Hablo de la cultura que, como dice otro eslogan, nos inspira a cambiar el mundo, la del 1% de inspiración y 99% de transpiración que dijo Edison, porque en el arte es como en la ciencia: nada nace en un momento y está maduro al siguiente. Y ese esfuerzo hay que compensarlo y valorarlo. Debemos pagar y admirar a las personas que se han esforzado por conectarnos de forma tan bella con esa emoción.

Luis Malibrán

Fotógrafo de publicidad y moda establecido en Madrid. Ha trabajado para la práctica totalidad de las revistas y dominicales españoles, además de campañas publicitarias de importantes marcas. Enamorado del retrato, ha fotografiado a las más importantes figuras de la cultura, la política y el espectáculo para distintas publicaciones. Actualmente compagina todo esto con la enseñanza de la creatividad en escuelas y universidades.

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Publicado en: propiedad intelectual

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