Cuando copiar es bueno

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Dos frases ya célebres del mundo de la innovación y la creación afirman cosas tan categóricas como que “El valor de la innovación no es evitar que te copien, sino conseguir que todos te quieran copiar” o “No me preocupa que quieran robar mis ideas, me preocupa que ellos no las tengan“.

Efectivamente, se puede intentar proteger una idea de muchas maneras pero en no pocas ocasiones es precisamente la idea de liberarla y dejar que todo el mundo trabaje sobre ella, la intente copiar, la reformule, lo que verdaderamente le da valor, lo que hace que esa idea evolucione y se convierta en algo mejor o en muchas cosas mejores o, como mínimo, igualmente apreciables.

En el mundo de la creación, posiblemente uno de los más dados a proteger la copia, la idea original, esto es un clásico que, escondido tras eufemismos, ha generado no solo otras creaciones, sino también mucho negocio.

Pongamos el mundo de la música por ejemplo: lo llaman tributos, covers, versiones, pero al final, se trata de músicos que no han inventado nada y se limitan a interpretar las canciones de otros, a recrear incluso sus movimientos y características más reconocibles para dar la vuelta al mundo apoyados en el éxito que primero tuvieron otros, los originales. Da lo mismo que se trate de un grupo emulando a Queen, un disco de librería con acordes que recuerdan a Oasis o un cantante que toma las canciones de otro para darle su propio sello. Con el correspondiente pago de derechos a sus creadores o sus herederos y el talento suficiente para hacer de ello un éxito, ya tenemos en marcha una línea de negocio a base de copiar a otros. Lejos de ser un problema, parece más bien una semilla creativa.

Otro ejemplo que estos últimos años se ha llevado por delante parte de la creatividad original de la industria televisiva lo encontramos en las series inspiradas en películas de éxito. Ya se trate de Hannibal, Psicosis, Fargo, Minority Report o Scream, por poner solo unos pocos ejemplos, las cadenas norteamericanas han dejado parte de su catálogo de estrenos a proyectos que buscan una idea preexistente y se limitan a adaptarla a un formato nuevo, a estirarla en varios episodios de 40 minutos, a retocar su elenco y sus tramas para poder extender su duración en lo que, en esencia, no es más que una copia de una idea de otro. Sí, le pagan sus correspondientes derechos, por supuesto, pero no deja de ser una copia, a la manera particular de sus creadores, o mejor deberíamos decir, recreadores.

¿Y qué ocurre con todo ese mundo de fans acérrimos de películas, series o novelas que crean sus propias historias basadas en esos personajes? Tienen nombre y todo: shippers. Es un mundo ciertamente desconocido, pero muy prolífico y con una fidelidad y compromiso entre sus creadores y lectores realmente envidiable. Un mundo en el que a través de páginas web, foros y otros espacios en la red, nutridos grupos de fans se dedican a crear sus propias historias a partir de los personajes más conocidos de la cultura pop, pero con un ‘twist’.

Así, los personajes pueden ser fieles a su personalidad y costumbres reales y simplemente tener otras vivencias más allá de las que sus creadores originales les construyen, o bien salirse completamente del papel para hacer locuras o, simplemente, cambiar de hábitos y conectar de otra manera con su público. Personajes heterosexuales que se vuelven homosexuales, personajes apocados y tímidos que de pronto se sueltan la melena y aspiran a conquistar el mundo, protagonistas enfermos que recurren a la medicina alternativa y se curan de sus enfermedades para retomar su vida como nunca antes imaginaron. Todo es posible en la mente de los fans que, con mayor o menor capacidad creativa y literaria, toman prestadas estas creaciones de terceros para copiarlas a un mundo diferente, como el niño que coge su libro de pegatinas de princesas y las pega en el álbum de cromos de futbolistas. El resultado final, un engagement con un pequeño grupo de personas que son, sin ninguna duda, tus mayores y mejores seguidores.

Hablamos principalmente del mundo de la creación cultural, del arte, porque ese es el tema de este espacio de comunicación, pero es más que evidente que el arte de la copia no está limitado a este mundo y que existen numerosos ejemplos de ideas innovadoras que, no solo han sido copiadas después, sino que han superado a sus originales, haciendo buenas esas dos frases con que iniciábamos esta reflexión. Empresas de tecnología, grandes chefs, la industria de la alimentación, no tienen por qué estar siempre centrados en inventar, en ser los primeros, sino en procurar ser los mejores o, como mínimo, sacar adelante un producto digno. Cuando el de al lado tiene una idea mejor, copiarla y darle tu propia personalidad no tiene por qué ser un problema y puede dar lugar a productos rompedores.

Copiar en sí mismo no es malo, lo malo es cómo lo hacemos y si esa manera de copiar busca “robar” una idea a quien originalmente la puso en circulación, todo lo demás son pamplinas.

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Susana Alosete

Tras una década como productora en distintos canales temáticos, Susana analiza la televisión desde su blog Chicadelatele.com y otros medios en los que colabora de forma independiente.

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