Derechos de autor por un plato de lentejas. ¿Es la comida una obra de arte?

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¿Tienen derechos de autor las creaciones culinarias? ¿Es un plato de comida una obra de arte? Según un tribunal alemán, sí… aunque solo si tienes una estrella Michelín.

Es una moda derivada de la proliferación de herramientas fotográficas para compartir en redes sociales todo aquello que hacemos y, por supuesto, lo que comemos. Si al principio de la era Twitter lo habitual era dar los buenos días, las buenas noches y contar lo que estábamos comiendo, la creciente obsesión por compartir en imágenes todo lo que hacemos ha llevado estas actualizaciones a un nuevo nivel, uno en el que el arte ya no está solo en el plato, también en la manera de retratarlo y el partido que seamos capaces de sacarle a los filtros, componiendo una imagen de lo más atractiva.

Para muchos, cuanto más bonito sea un plato de comida, más apetecible resultará ir a ese restaurante a probarlo y por lo tanto, cuanto más se viralicen sus bondades, mayor clientela potencial tendrá el local. En un momento social en el que el valor de las imágenes es cada vez mayor, ya no es suficiente con una buena crítica, una publicidad pagada en grandes medios o una recomendación de un amigo, la gente quiere ver qué va a comer, muy especialmente si acude a un restaurante caro en el que no solo paga por la comida, también por la experiencia. Y es aquí donde las fotografías de quienes ya han pasado por allí cobran especial valor, el de la realidad, el de comprobar si lo que aparece en la página web de los restaurantes es lo que luego veremos en el plato, como ocurre también con hoteles, apartamentos turísticos y los muchos productos que hoy en día compramos online.

Esto, que a priori puede parecer lógico y natural, no lo es tanto para algunos chefs, que consideran que sus obras son arte, un arte efímero pero inigualable que debe ser protegido de otros chefs que, acechantes, quieren copiarlas y que, gracias o por culpa de quienes acuden a estos restaurantes y fotografían sus emplatados, lo tienen mucho más fácil para versionar sus creaciones. Una reacción que puede parecer exagerada si tenemos en cuenta que aquellos que quieran copiar el plato no tienen más que acudir al restaurante y pedirlo y que, al final, no se trata tanto de la composición de los elementos sobre la porcelana, como de la calidad de la materia prima y la sensibilidad a la hora de conformar un menú coherente en un ambiente acorde a su categoría.

Pese a ello, hay chefs que insisten en que su obra no debe ser fotografiada y quienes, aún permitiéndolo, consideran una falta de respeto hacerlo sin pedir permiso primero.

La ley de propiedad intelectual alemana que comentamos, sin embargo, hace una distinción entre los restaurantes con estrella Michelín y los que no poseen este reconocimiento, trazando una línea que separa lo que se puede considerar un plato de comida y punto, cosas como un bocadillo, una hamburguesa de comida rápida, un platillo de ‘food truck’, de lo que está a otro nivel y exige una protección extra, de lo que verdaderamente puede ser copiado con fines lucrativos. Es por supuesto una distinción muy subjetiva, como lo son todos estos reconocimientos, y también una distinción volátil, pues platos que hoy no tienen la estrella pueden conseguirla al año siguiente o perderla en el transcurso de los meses. ¿Qué ocurre en esos casos: se vuelven ilegales nuestras fotos subidas en el pasado? ¿Ya se pueden copiar los platos de quién el año pasado estaba protegido pero hoy ya no? ¿Y por qué algunos cocineros deben estar protegidos y otros no cuando el ranking Michelín es solo eso, un ranking? Es una situación complicada.

En el lado de quienes reclaman su derecho a fotografiar aquello que comen, el principal argumento para defenderlo es el que ya hemos mencionado: las indudables ventajas de la viralidad de un documento gráfico que hace apetecible acudir a ese restaurante a comerlo. Pero no es la única: son muchos los que afirman que, una vez sentado a la mesa y con el plato delante, un plato que se va a pagar y que ya es “propiedad” del comensal ¿cómo prohibir que se fotografíe algo que ya es suyo?. Tener que pedir permiso al chef para hacerlo supone que no se está comprando el plato de comida, sino únicamente el derecho a comerlo, lo que puede dar lugar a muy divertidas derivadas en las que ahora no entraremos. Si compramos un cuadro y lo colgamos en la pared de nuestro salón ¿no podemos fotografiarlo? ¿compramos solo el derecho a tenerlo colgado y revenderlo, a que los disfruten las visitas?. Es más, en el caso de los platos de comida, el hecho de fotografiarlo y subirlo a redes sociales, en ningún caso supone un lucro cesante para un restaurante, pues, al revés de lo que ocurre con películas o canciones, el mero hecho de verlo no sustituye al acto de comerlo.

Es una situación curiosa, con muchas posibles interpretaciones y donde al final, lo más lógico es pensar que nunca todo el mundo llegará a ponerse de acuerdo, como por cierto ocurre con el resto de cuestiones en las que la propiedad intelectual entra en discusión. Del mismo modo que son muchos los artistas musicales que no solo no tienen inconveniente en que sus canciones se pasen de mano en mano e incluso son ellos mismos los que las ponen a disposición del público de forma completamente libre, habrá chefs que no temerán que se copien sus platos y que estarán dispuestos a correr ese riesgo a cambio de la publicidad que esto supone y la cantidad de público que les puede enviar. Lo vemos también en televisión, donde los programas de cocina arrasan en audiencia a base de invitar a cocineros de prestigio para que presenten algunas de sus más reputadas creaciones, y no solo para que las presenten, a menudo para que los concursantes las copien y premiar al que mejor lo haga.

Aunque, por el momento, en España no hay una ley que prohíba fotografiar los platos, los restaurantes sí están amparados por la ley a la hora de prohibir hacer fotografías en general, como locales privados que son y esta sería una opción que los chefs más celosos de sus creaciones podrían implementar si llegara el caso.

 

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Crea Cultura

Crea cultura es un movimiento de Atresmedia para prestigiar la propiedad intelectual, desde la perspectiva de concienciar a la sociedad de lo importante que es la creación para nuestro avance.
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