El consumidor: eje principal del futuro cultural

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En el mes de abril, en un evento TEDx en el que tuve la suerte de participar (gracias TEDx Almendra Medieval), quise tratar el futuro de la cultura y el entretenimiento. Comenzaba detectando algunos de los “males” que la industria cultural padecía para intentar plantear una solución que equilibrase los derechos fundamentales en juego. Modelos de negocio obsoletos, falta de conexión entre la industria y la sociedad, “piratería”, y normativa herida de muerte desde su publicación en el BOE, eran algunos de los puntos que tocaba repensar.

Estos últimos días hemos despertado con distintas noticias que suponen pequeñas revoluciones para el sector. Hemos leído que el consumo de cine online supera al DVD y hemos conocido la llegada a nuestro país de Netflix, y me pregunto ¿algo ha cambiado?

Desde luego, quiero pensar que así es, puesto que prefiero ver la felicidad en el usuario por la llegada de una plataforma de pago de contenidos audiovisuales, a la tristeza (aún incomprensible) por el cierre de páginas web que hacen negocio con los derechos de otros. Este hecho, ya de por sí, me parece una pequeña revolución y una vía en la que trabajar.

Y es por ello, que me permito decir que se “criminaliza” en exceso al usuario, cuando lo que el sector necesita es pararse a realizar una escucha activa, real, que permita la reconciliación. Nuestro único objetivo debe ser que la sociedad valore el trabajo de los profesionales de la cultura y el entretenimiento, y que éstos, por su parte, valoren las necesidades y gustos de aquéllos a quien tienen que convencer. Quizá, en ocasiones, el mensaje que enviamos no sea el correcto y hacer autocrítica suele traer siempre consecuencias positivas.

El usuario, ha pasado de ser un mero espectador en el teatro de la industria cultural, para convertirse en el eje fundamental sobre el que ésta gira, y desde luego no merece escuchar continuamente que “España es un país de piratas”, que no hay entrada para nuevos modelos de negocio porque somos “hijos del Lazarillo de Tormes”, y demás expresiones de reproche.

Y se ve obligado a escuchar esto, aún cuando el consumidor se ha convertido al mismo tiempo en el destinatario final de la obra y en el propulsor de la misma, en el que promueve la toma las decisiones estratégicas sobre el devenir cultural, en el que valora lo que le gusta, cómo le gusta y cuándo le gusta y realiza campañas gratuitas de marketing de grandes resultados. Si escuchamos a los usuarios, éstos responden y lo que es más importante, el resto de usuarios responderán, en función de lo que cada uno de ellos respondió. No debemos romper la cadena del entendimiento.

Me explico un poco mejor. En un contexto marcado por la pérdida de ingresos de la industria tradicional cultural, propiciado por un cambio de paradigma y una crisis económica en la que parecía que la cultura no era un bien de primera necesidad, sino de complemento, el usuario nos sorprendió con una implicación por encima de las expectativas: el crecimiento del crowdfunding y el p2p lending son ejemplo de ello.

El crowdfunding, herramienta de financiación colectiva, es el nuevo método de financiación que más proyectos culturales ha conseguido sacar adelante. La diferencia entre crowdfunding y p2p lending únicamente radica en que en la primera figura, el inversor decide qué proyecto financiar, y en la segunda, la plataforma a través de la cual se lleva a efecto, diversifica las aportaciones para minimizar el riesgo.

¿Pero qué es el crowdfunding? Evitando tecnicismos, no es más que muchos usuarios implicados por el futuro cultural, por el futuro de los creadores, que deciden invertir micro-sumas de dinero (o no tan micro), y que nos demuestran que una pequeña acción de muchos, puede cambiar el rumbo de un velero a la deriva. Los usuarios así, pasan a convertirse en los inversores del proyecto, en aquéllos que consiguen que la rueda de la cultura siga girando, que impiden que obras que creen que deben ver la luz, se queden sin nacer por falta de fondos y que colocan al talento como piedra angular de la supervivencia cultural.

Pero no todo acaba aquí. El usuario, a través del análisis de datos, propiciado por la llegada del Big Data, ha pasado, de forma indirecta, a tomar decisiones de carácter estratégico. Las plataformas de acceso a contenidos, analizando los datos de consumo de los usuarios, han llegado a conocer si un determinado “producto cultural” puede ser más o menos rentable en un segmento de la población.

Así por ejemplo, los prestadores de este tipo de servicios, a través de los datos de consumo y sugerencias de sus clientes, han podido conocer si un determinado tipo de música es del gusto de los habitantes de un determinado territorio, y este dato les ha permitido realizar conciertos, festivales y actos culturales minimizando el riesgo. Así también, ha posibilitado llevar a los cines de determinadas regiones, obras audiovisuales adaptadas a su idiosincrasia, promover eventos de folclore en zonas con un especial arraigo a la cultura popular, y en definitiva, ofrecer a quien consume aquello que demanda.

Pero es que además, el usuario se ha convertido en el mejor prescriptor de cultura. Se implica en la promoción de una determinada obra o de un determinado artista; realiza campañas de marketing, ayudándose de redes sociales, que culminan con resultados impensables; se molesta en opinar sobre lo que consume, para que potenciales clientes tomen decisiones; y es capaz de generar un boca a boca físico y digital, que propicie cambios reales en los consumos de contenido.

Por eso, necesitamos esa simbiosis entre industria y público. Por eso, el usuario debe sentirse valorado y escuchado, debe sentirse parte del proceso, esencia y fundamento de la industria cultural. Porque el cambio, no vendrá propiciado por modificaciones normativas tardías e ineficaces, ni por recriminaciones ni amonestaciones, sino por sociedades convencidas del valor de la cultura, y es aquí donde la educación se impone a la sanción.

Para concluir, no puedo imaginar una frase más adecuada que aquella vertida por Luisa Etxenike y es que “La Cultura no es una actividad del tiempo libre, es lo que nos hace libres todo el tiempo”.

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Maitane Valdecantos Flores

Abogada economista, responsable del área de Propiedad Intelectual, Industrial y Derecho TIC en Grupo Eurotax.
Presidenta de la Comisión de Derecho del Entretenimiento del ICASV
Miembro de ENATIC, DENAE y de la Academia del Cortometraje.

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Publicado en: Crowdfunding, pirateria

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