¿Es sostenible la Fiesta del Cine?

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Un año más y tras el éxito rutilante de la fiesta del cine del año pasado, las salas se han puesto de acuerdo para, durante tres días, rebajar drásticamente los precios de sus entradas y poner a precios populares las películas que están en taquilla.

Como cabía esperar, los cinéfilos en masa se han lanzado a comprar entradas; y no son pocos los que hemos podido ver afirmando haber comprado no una, sino dos y hasta tres entradas para distintas películas, en un acto de consumo por empacho que a buen seguro habrán disfrutado con alegría.

Los datos son excelentes, con más de dos millones de asistentes a las salas, y es inevitable preguntarse si, dado el buen resultado de esta iniciativa, no sería mucho más rentable rebajar los precios de las entradas todo el año y disfrutar de esta afluencia de público de manera constante; una tentación que al final choca con la realidad y algunos datos sencillos.

Por una parte, es cierto que en tres días son millones los espectadores que acuden a las salas para ver películas que parece que de otro modo no verían. Pero realmente nos encontramos ante una concentración de audiencia, una que podría no ser sostenible a lo largo del año si las entradas tuvieran ese precio siempre. Es decir, la gente acude en masa a las salas porque es barato solo esa semana; si los precios fueran siempre así, es muy posible que la afluencia de público no fuera tal, pues estaría repartida a lo largo del año de forma mucho más uniforme. De hecho, la recaudación en taquilla en la semana previa a esta fiesta del cine se ha llegado a reducir en un 18%, una cantidad muy significativa.

En el extremo contrario, también es posible aventurar que la gente va a ver películas a este precio que de otro modo ni siquiera se plantearía ver. Cuando el precio de una entrada es más del doble, uno piensa en qué lo va a invertir y hace una selección mucho más dura entre las distintas películas que se ofrecen, incluso descartando ir al cine una semana concreta solo porque en la cartelera no encuentras una obra por la que merezca pagar ese dinero. Cuando la entrada cuesta menos que ir a tomar una copa, o incluso un refresco en un sitio con vistas, el nivel de exigencia se rebaja notablemente y películas de esas que normalmente esperarías a ver en televisión, terminan por resultar interesantes para pasar la tarde. Así, películas que a los precios tradicionales no congregan demasiado público, a precios de saldo sí suman cifras muy respetables. El truco aquí consiste en saber si el aumento de espectadores es tanto como para superar lo que la misma película recaudaría en condiciones normales, y parece que en este sentido la respuesta de los exhibidores es clara: NO.

Y es que así lo han manifestado en sus declaraciones al respecto algunos de los principales dueños de salas del país, quienes afirman que no es sostenible un sector con entradas a menos de tres euros, posiblemente por eso mismo que comentábamos anteriormente: la afluencia del público a las salas no es arrolladora día tras día, semana tras semana, si el precio se mantiene bajo, sino que es una sencilla consecuencia de la excepcionalidad del evento

El precio de las entradas es, por otro lado, uno de los ingresos de las salas pero no el único: los consumos de bebidas, palomitas, comida o chucherías, suben con la mayor afluencia de público. Y hace más rentable la cifra de ingresos global de la sala, aunque con la entrada barata no aporten tanta rentabilidad como al precio habitual. En el público de la Fiesta del Cine se veía a gente que, atraída por los 2,90€ y sin mucho margen de gasto, pasaba de largo por la venta de bebida y comida; pero también se veía a quienes salían al cine y, conscientes de que la entrada no les suponía mucho dinero, se tiraban en plancha a las tienda de golosinas de las salas…

Otro beneficio difícil de cuantificar pero real es el del boca a oreja: los espectadores que fueron a ver alguna película durante la Fiesta del Cine, y salieron contentos, se convierten en embajadores de esa cinta ante sus cercanos, con lo que es muy posible que eso lleve a más gente a las salas próximamente a ver las películas preferidas de los espectadores de la semana pasada.

En definitiva, son muchas las variables económicas que se pueden analizar para hacer balance de la Fiesta del Cine. Y resulta difícil aventurar algunas de las repercusiones de esa semana mágica. Pero lo que sí es seguro es que el público quiere historias y quiere vivir experiencias, y la industria está feliz de que sus películas se encuentren con los espectadores para los que fueron creadas. Ojalá se siga profundizando en este tipo de iniciativas que contribuyen a potenciar el cine en quienes lo crean y en quienes lo disfrutan desde su butaca.

Crea Cultura

Crea cultura es un movimiento de Atresmedia para prestigiar la propiedad intelectual, desde la perspectiva de concienciar a la sociedad de lo importante que es la creación para nuestro avance.
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