La piratería en las escuelas: cuando la educación crea ciber-ladrones

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La generación EGB creció subrayando con bolis multicolor y rotuladores Carioca, borrando a golpe de goma de Milán y comprando la SuperPop. Ahora, los jóvenes de hoy cuentan con un smartphone como apéndice de su mano y sólo necesitan una conexión a Internet para acceder a un inconmensurable universo de entretenimiento. Los tiempos han cambiado, y los nativos digitales consumen contenidos con una impaciencia transversalmente diferente que los adolescentes de hace sólo una década.

No existe cultura sobre el valor de la cultura digital y sobre el esfuerzo humano (y económico) que conlleva crear. Ya sea una serie, una película, un corto, una canción, una foto o un artículo periodístico. Nada parece valer nada. Y, desde las propias escuelas, incluso se difunde esta percepción a las nuevas generaciones. En vez de educar para construir un país que valore a los creadores de contenidos, explicando la importancia del consumo legal de la cultura, desde los propios colegios se anima al pirateo en muchas ocasiones.

De hecho, es habitual que los mismos profesores proyecten en clases cortos o películas para divulgar diferentes temáticas. Cortos y películas que, normalmente, no son adquiridos en el mercado legal. Sólo con un clic pirata en la red. Es más, a veces, determinados institutos públicos y privados emiten películas que no se han estrenado aún en España o editado en DVD. Son simplemente archivos descargados de la red. Y los alumnos lo ven normal, porque es lo que a menudo hacen en casa, y el profesor también lo ha interiorizado como normal.

Da la sensación de que se transmite a estos chicos y chicas la idea de que los productos audiovisuales surgen de la nada. Que no cuesta un titánico esfuerzo, económico y humano, producirlos. Que están hechos por el amor al arte de realizadores, guionistas, actores, maquilladores… Y esa conciencia colectiva de “por qué voy a pagar si lo puedo conseguir gratis en Internet” se está fomentando, peligrosamente, desde muy pequeños, afectando a cientos de trabajos, directos e indirectos.

Pero lo fácil es mirar para otro lado, como si no nos afectara. Y sin embargo nos afecta a todos. Así que, desde pequeños, debemos inculcar la importancia de valorar el esfuerzo y el trabajo que hay detrás de cualquier manifestación cultural. Y eso conlleva también divulgar la importancia de pagar por ese esfuerzo y por ese trabajo: hacer entender al receptor que, además, eso te convierte en partícipe de la obra. Los profesores deben proyectar películas desde las muy baratas plataformas legales online (Filmin, Wuaki, Yomvi…) y enseñar a los alumnos a usarlas y a dinamizar así la industria cultural.

Porque no debería aliviar ninguna conciencia pensar que el problema de la piratería lo padecen solo las grandes productoras americanas y los afamados canales como HBO o Showtime. Los ciber-robos lo sufre con peor desenlace la industria española, especialmente la música y el cine. Las películas grandes pero también las pequeñas en cuanto consiguen destacar. El pirata no discrimina: se descarga “Lo imposible” y “Ocho apellidos vascos” y también prestigiosos títulos que han vivido una odisea para materializarse, como “Stockholm” o “Seis puntos sobre Emma”.

También ocurre, en otra medida, con la televisión y el propio periodismo. Las nuevas generaciones también ven lógico el corta y pega. No pasa nada por publicar una foto que no es tuya, tampoco por repicar en cualquier web un artículo ajeno. Sin citar. Internet es un punto de encuentro para compartir historias, crear debate y generar ideas. Por supuesto. Pero no para robar sin nombrar al autor. En este sentido, algunos medios, que se creen muy innovadores, han pensado que determinados artículos o blogs son algo así como un hobby para sus artífices. No son considerados trabajo que se deba remunerar. Y esto hace tambalear los cimientos del periodismo. Sin intercambio económico, tiembla la propia calidad del trabajo. Ya sea en radio, prensa escrita o cualquier otra empresas mediática, donde es habitual escuchar aquello de ‘no podemos pagar, pero te damos visibilidad’.

Lo mismo sucede en el ámbito del cine, los cortometrajes, los pilotos de series… “Te damos visibilidad”, suena a boca llena otra vez. Incluso cuando el que predica esa visibilidad se lo comenta a un profesional con más seguidores en las redes que su propia compañía. Vivimos de la palabra “visibilidad” por encima de nuestras posibilidades, vamos. Pero de la visibilidad no se puede comer. No alimenta. Y parece que ciertos responsables de ciertas empresas aún no se han percatado de ello.

En mi caso personal, mi trabajo principal es un blog al que dedico prácticamente las 24 horas del día. Se llama Telediaria y está dentro de Lainformacion.com, un medio nativo digital que, ya en su partida de nacimiento, entendió el ADN de las nuevas plataformas. Por eso me pagan, porque entienden que es mi trabajo y la calidad del resultado va unida a mi compromiso profesional, al que dedico gran parte del valor de mi vida. Pero aún así todavía hoy mucha gente me pregunta: “¿ah, pero te pagan por un blog?”. No entienden que el formato blog es hoy una estructura clave en Internet para secciones temáticas, pues ordena y clasifica con claridad los temas y no los deja perdidos en la marabunta de la red. Quien lo considera menor aún no ha comprendido Internet en su máxima expresión. Y que la lectura en la web no es igual que en papel.

La radio no mató al periódico. La televisión no mató a la radio. Pero Internet ha engullido todo. Es una todopoderosa herramienta que hay que exprimir con riesgo, transgresión y sin temor, pero también educando a las nuevas generaciones en este nuevo contexto. Para que aprendan que habrá más y mejor cultura si se consume con conciencia legal. Y esa conciencia pasa por la educación de los padres y por las propias escuelas. Porque, además de la tabla periódica, las nuevas generaciones deben aprender el poder de la cultura desde Internet. La cultura que construimos entre todos, aportando, creando, arriesgando, imaginando, compartiendo y consumiendo desde la legalidad que propicia que la capacidad de inventiva tenga menos cortapisas.

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Borja Terán

Licenciado en Periodismo. Explora la TV y las redes. Escribe en Lainformacion.com y lleva las riendas de la sección televisiva de La Mañana de Cope.Su experiencia profesional está vinculada a los contenidos en distintos soportes: como redactor, ayudante de realización, productor y responsable de la estrategia online de diferentes proyectos. Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias.
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Publicado en: Internet, pirateria

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