Las películas del futuro llenarán el cine de lluvia y olor a pólvora

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Toda la vida contándonos eso de que una imagen vale más que mil palabras… para descubrir, en pleno 2015, que nos han estado engañando y que esa afirmación solo respondía a la dificultad para hacer más, a la limitación técnica para hacer sentir con nuestras obras en otros niveles.

Bueno, no exageremos, es cierto que hay muchas imágenes muy impactantes que no necesitan palabras para expresar un horror, un evento feliz o para resumir un sentimiento, pero eso no quiere decir que debamos conformarnos y, ahora que la tecnología permite indagar en nuestro cerebro como nunca antes, ahora que es más sencillo y accesible provocar algunos de los sentidos tradicionalmente olvidados, la industria audiovisual quiere ser más que eso.

Son muchas las novedades que en este sentido están poniéndose en marcha en los últimos tiempos, impulsadas también por las marcas, que ven cómo la publicidad tradicional puede verse mejorada, con un mayor calado en el consumidor, con un mayor atino y una implicación derivada del juego, de la complicidad. Veamos algunos ejemplos.

Juegos de luces: Es quizá el más sencillo de todos los experimentos, pues es el único que puede hacerse desde casa. Eso sí, hace falta una inversión, nada despreciable, en el sistema de luces Hue de Phillips, primero en lanzar las bombillas inteligentes, aunque ahora ya se empiezan a animar otras marcas.

En este caso, ha sido el canal SyFy el que se ha animado a compartir experiencia con el fabricante de bombillas, programando una serie de cambios en la intensidad de la luz durante la emisión de una de sus series nuevas, la adaptación de la película 12 Monos, y con las películas de la saga Sharknado. Una vez activada la aplicación, esta escucha el audio del episodio y se sincroniza con él para gobernar las luces de la estancia de acuerdo a lo que está ocurriendo en pantalla.

Películas que huelen: Una iniciativa que hemos escuchado en no pocas ocasiones  y que ya en 1960 hacía su primera aparición en salas con lo que se llamó Smello-Vision. No tuvo mucho éxito y, aunque recurrentemente volvemos a oír hablar del tema, solo ahora parece que se vuelve sobre ello, impulsado también por sus posibilidades comerciales.

Frente a los casi treinta olores diferentes que se planteaban en un primer experimento, hoy en día este número se ha reducido a doce, basándose en los estudios que afirman que un exceso de aromas termina por saturar al espectador. Así, la idea parece sencilla de implementar, pues son claros los  momentos en que un determinado olor puede activar la implicación del espectador con el contenido, ya sea un paseo por el mar, la entrada en un bosque, un incendio o incluso el olor a pólvora en una película bélica.

Mención aparte merece una iniciativa como la de Domino’s Pizza en Brazil, que incluía una tinta especial en algunos DVDs de tal manera que, al terminar la película y expulsar el disco, este revelaba, no solo una imagen de una pizza, también el olor a producto recién salido del horno. Difícil resistirse a la tentación de descolgar el teléfono y encargar un par de ellas.

Fenómenos atmosféricos en la sala: Lo han llamado películas en 4D y es ya un paso más, algo arriesgado, en el concepto de experiencia total. Ya no se trata solo de jugar con nuestra vista o el olfato, sino de hacernos sentir en nuestra propia piel las sensaciones que tienen los personajes de la historia, introduciendo en la sala ráfagas de aire, niebla y hasta lluvia o nieve.

Un exceso difícil de manejar, pero que también ha sido un éxito en algunos parques temáticos en los que hasta las butacas se movían, haciendo sentir al espectador parte de la agitada trama de lo que en estos casos no dejaba de ser un cortometraje intenso.

Análisis de los impactos visuales en el cerebro: lo que se llama neuromarketing y que cada día es más estudiado por marcas y agencias de comunicación y marketing. Al final, se trata de impactar directamente allí donde queremos afectar al espectador, tanto si se trata de un contenido comercial que busca una compra final, como si se trata únicamente de activar los mecanismos del cerebro que hacen que un contenido de entretenimiento cale más hondo en los espectadores, impulsando su éxito, haciendo más taquilla o multiplicando su audiencia.

No podemos hablar de manipular al ser humano, pues el concepto quizá suene perverso, pero sí de tocarle la fibra sensible con la utilización de una determinada pauta musical, de un posicionamiento de los elementos en determinados puntos de la pantalla o momentos concretos del desarrollo de la trama que sabemos, por el análisis científico, que logran esa necesaria conexión justo allí donde es más efectiva

No cabe duda de que el avance de los estudios científicos unido a las posibilidades de la tecnología y la necesidad de conquistar a la audiencia de otra manera, están impulsando muchas novedades en el mercado audiovisual y la creación de contenidos. Algunas de estas iniciativas, como hemos visto, ya se han intentado antes, sin demasiado éxito. ¿Será está la buena? ¿Triunfarán por fin? ¿Pagaríamos más ello?

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Publicado en: cine

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