Paso de pagar tu libro: dedícate a dar conciertos

conciertos
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Yo soy de internet. Me refiero a que soy una persona especialmente activa en la red, que uso desde antes de que se inventase ;). Llevo años implicándome en todo tipo de acciones que desde internet hacemos para subrayar la corrupción. Levanté la mano mil veces contra la indecente Ley Sinde (luego Wert), abucheé los tejemanejes de EEUU para colarle goles al Gobierno de mi país, grité contra el Canon AEDE, contra veinte mil mamandurrias asquerosas que nuestros queridos corruptos han perpetrado estos años, etc.

También soy autor de un libro, El poder es de las personas, con el que he ganado mucho menos por ventas que por otros beneficios indirectos que me ha dado: algunos lectores me han contratado para dar charlas y otros han confiado en mi agencia de comunicación porque les gustó mi libro. De mí se podría decir eso que decimos en la Red: “que regale el libro y así ganará más dinero dando conciertos”.

Vale, te ‘compro’ el argumento, pero tengo un par de ‘peros’:

  1. Yo no soy un escritor que vive de escribir libros sino un periodista que vive de trabajar para empresas. El libro no es mi principal fuente de ingresos.
  2. Aun así, tengo TODO el derecho a elegir cómo vendo mi obra. Es mío ese derecho. Solo mío. Derecho a decidir si la vendo a 40€ el ejemplar, si la vendo a 1,59€ o si la regalo. Pero soy yo quien elige, y eso debe ser así.

Ahí empieza la controversia: “la cultura debe ser gratis”, dicen muchos en la Red. Y ahí es donde me enfurruño fuerte fuerte, con la vena del cuello, y digo: ¿Cómoooooooo? ¿Y eso quién lo ha decidido? ¿Tú, que quieres bajarte todo el contenido que te dé la gana por el morro? ¿Y por qué no cambiamos los papeles? Yo me bajo un libro que me guste y que tú hayas escrito, y tú te dedicas durante seis meses a no tener un solo minuto libre de tu vida. Tú eres quien va a pasar los próximos 200 días sin tiempo a la hora de comer, sin poder quedar con amigos a cenar, sin tiempo para ver a tu familia. Eres tú quien se perderá la boda de fulano porque no puedes pasar dos días fuera, tú quien dejarás de ir por primera vez en tu vida a las fiestas de tu pueblo, tú quien dirá que no a mil planes que le apetecen porque sabes que es la única manera de terminar el libro que llevas meses escribiendo con esfuerzo.

Tú serás quien se sienta culpable los ratos en que no tuviste inspiración o tiempo, quien se sienta fatal por haber faltado al compromiso de plazo para pasarle el manuscrito al editor. Miserable tú, porque no estuviste con quienes te necesitaban en los días en que se separaban de su mujer, o con quien te pidió que fueras al fútbol o al cine y se quedó sin plan por tu ‘manía de escribir’. ¿Te parece bien? Y a cambio, yo me bajaré tu libro gratis cuando lo termines, porque la cultura debe ser gratis.

Podemos discutir de todo lo que quieras en relación con esto: modelos de negocio innovadores (24symbols…), cultura gratis porque al autor le interesa regalar su trabajo a cambio de ganar visibilidad o de otras cosas, obras gratis porque alguien patrocina a ese autor para que escriba ese libro… De verdad: bienvenida la audacia y toda la innovación que mejore la cultura; pero imposición, jamás. El tiempo no es gratis: es lo más valioso que tenemos todos. Para que un libro -que lleva miles de horas de trabajo duro- sea gratis para el lector, su autor tiene que ganar algo en el sentido que sea. Si no, dirá: “yo ya no escribo más. Ahora le toca a otro el turno de trabajar para parir contenidos que otros consuman“.

En internet llevamos años criticando a quienes desde la industria ponen precios carísimos a obras digitales. Por eso me indigno cuando también se ataca a quienes se adaptan y bajan precios, a quienes se juegan su dinero por entrar en modelos de comercialización innovadores. Desde la Red pedimos limpieza a los corruptos, sean empresas o gobiernos, y cuando nos llega la pelota, siento que jugamos con ella un rato y se la devolvemos pegándole un chicle. A veces me da la sensación de que nos fumamos un puro como Rajoy porque nosotros, como consumidores, no tenemos ninguna responsabilidad. ¿Nosotros? ¿No éramos justo los ciudadanos que protestamos por la corrupción ajena y presumimos de valores propios?

La culpa es siempre de los otros. Si un ebook de 115 páginas cuesta 99 céntimos -como esta joya de Carlos Salas- “me lo bajo gratis porque total, a él solo le llegarán unos céntimos”. Si lo venden en iTunes, “paso de darle el 30% a Apple y otro 21% de IVA al Gobierno”. Lo del IVA es genial: criticamos a los corruptos que roban el dinero de todos nosotros, de nuestros impuestos, y somos a la vez capaces de justificar que pasamos de pagar impuestos. Sí, lo del 21% del IVA a los ebooks es una vergüenza, como contó aquí de forma deliciosa el gran escritor Juan Gómez-Jurado, pero es lo que marca la ley y va al saco del dinero público. Otra excusa buena es la de la simplificación de “yo no quiero pagar a intermediarios, solo al autor”.

Vale, pero los autores necesitamos algunos ‘intermediarios’ -llamémoslos editores, ilustradores, maquetistas, diseñadores…- que nos ayudan a muchas cosas del libro, que no se pone solo en las librerías (sean offline u online), que no se maqueta solo ni se hace a sí mismo una portada chula con una ilustración impactante. Etcétera. Sí, los corteinglés de turno deberían llevarse menos (ganan el 30%), igual que las distribuidoras que almacenan y envían los libros a las librerías y se llevan el 25%. Pero esos son otros debates, necesarios, pero que nos sacan del tema.

Puedo empatizar incluso con esos argumentos que he puesto de ejemplo. Pero llega un punto en el que si para cada solución tenemos un problema, es que estamos dando vueltas en círculos y siempre volvemos al mismo sitio. Me encantaría evolucionar. Me esfuerzo por ello como consumidor y como autor, e intento ser coherente. Renuncié a cobrar 3.000€ de dos editoriales grandes porque preferí firmar con la editorial pequeña de un soñador que me permitía a mí fijar el precio del ebook (y mil cosas más, como que da parte de sus ventas a causas solidarias).

Me costó dinero hacer ‘mis deberes’ y lo elegí porque me hacía feliz: arriesgué más que con una grande y acabé ganando poco menos, y me di el gusto de poner a 3,99€ un ebook de 285 páginas y 475 enlaces a contenidos extra. Tuve suerte de que mi editor fuera tan valiente de vender a la vez la versión en papel (19,90€) y el ebook, con el que ganaba mucho menos (aunque con el papel casi no ganaba tampoco, otro día os cuento el desglose de ingresos…). Y lo puso en bibliotecas para que se pudiera leer gratis. Pasado ya un año y pico del lanzamiento, también lo pusimos en 24Symbols, donde se puede leer gratis con el mismo modelo de Spotify (te tragas a cambio publicidad). Y tan generoso es mi editor, que hasta me ha dejado regalar el ebook a quien se suscriba a mi blog.

Como consumidor pago pelis en Apple TV o en Filmin a 4 y 5 euros, pago suscripción mensual a Wuaki.TV…Me siento orgulloso de pagar por contenidos, de apoyar a quienes sí se esfuerzan por poner precios bajos (o lo que a mí me parece como ‘bajos’, que también es opinable). Creo que el creador de un contenido cultural tiene todo el derecho a intentar ganar dinero con ello. Cada uno que elija su camino, pero si alguien apuesta por uno que sea bueno para nosotros como clientes, fácil, rápido de usar y cómodo, y nos lo pone a muy buen precio, creo honestamente que debemos apoyarlo.

Aplaudamos al editor que no pone a 12 euros un ebook que vale 15 en papel, compremos la obra de un autor que nos la ofrece a un euro y pico o a seis, lo que tú creas que es razonable. Porque si lo razonable es que “me lo bajo gratis siempre”, entonces además de un gatito estaremos matando un poco la cultura y nuestros principios como sociedad. Igual soy raro… pero a mí al menos me parece que es lo justo.

 

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Pablo Herreros

Socio-Director at Goodwill Comunicación
Pablo Herreros es periodista y socio de Goodwill Comunicación, desde donde lleva 20 años asesorando a empresas. Pablo es bloguero en 'Comunicación se llama el juego' y autor del libro 'El poder es de las personas'.
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Publicado en: literatura

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