Sé lo que hiciste los últimos siete días

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La medición de audiencias, el gran e imperfecto caballo de batalla del sector audiovisual, está a punto de dar un salto cualitativo en su forma de presentar los datos, uno que no tiene vuelta atrás y que hará que veamos los programas de televisión como nunca antes.

Hace tiempo que las costumbres de los espectadores evolucionan hacia un consumo cada vez menos lineal. Las parrillas de las grandes cadenas pasan a segundo plano y, salvo citas ineludibles como los grandes eventos deportivos, las noticias de última hora o algunos programas de polémica efervescente, las nuevas generaciones y también una gran parte del público de siempre ya no se siente preso de la programación: disfrutan de los contenidos cuando y como mejor conviene a su vida personal.

La popularización de discos duros o servicios en la nube para grabar contenidos, así como la puesta a disposición de cualquiera de casi toda la programación en las distintas webs de las cadenas, hacen del seguimiento de series y programas algo mucho más sencillo para el espectador, pero restan importancia a los datos de audiencia de un determinado programa en su estreno, que representan únicamente una parte de los televidentes interesados en ese contenido, una parte que en ocasiones llega a ser minoritaria.

No es una exageración: series como “Juego de Tronos” o “Fargo”, estrenadas en los canales norteamericanos HBO y FX respectivamente, han sido grandes éxitos de audiencia, pero han visto sus datos crecer hasta en un 90% cuando se han tomado como referencia los consumos de los episodios en los siete días posteriores a su estreno, demostrando que este cada vez es menos importante, a la vista de los datos casi podríamos decir que irrelevante. Tan es así que la propia HBO ha decidido dejar de distribuir sus datos de audiencia diarios para proporcionar únicamente los del estreno +7 días posteriores.

Es una tendencia imparable, una que se empezó a adoptar casi como quien no cree en ella pero siente la necesidad de “estar ahí” y finalmente resulta que se está convirtiendo en la manera principal en la que se consume televisión. Dicen los expertos que las parrillas están muertas, que ya nadie ve la tele, que los jóvenes están en otras cosas; pero simplemente se trata de un cambio en el espacio y el tiempo, no tanto de la forma de ocio que se elige por las nuevas generaciones.

No es que no vean tele, es que han cambiado la costumbre de verla en el salón, en un entorno familiar y cuando las cadenas lo proponen, para hacerlo en sus dispositivos personales, en la intimidad de su dormitorio, en el tiempo perdido en un transporte público y cuando ellos deciden. Una vez concienciados de que esto es así, el siguiente paso es imprescindible: hay que medirlo. Porque si algo puede matar a la televisión, no es el cambio en las tendencias de consumo, sino el dejar de medirla y no darle importancia, el ver cómo los datos bajan y bajan en una determinada plataforma sin reconocer que están subiendo en otro sitio.

Y eso es lo que hace tiempo han puesto en marcha las cadenas de televisión americanas y lo que desde hace unos pocos meses miden también las televisiones españolas, esa audiencia acumulada del día del estreno en la cadena y los siete días posteriores en los que se puede ver en el disco duro grabador, en descarga directa de alguna plataforma de televisión de pago o en la propia web de la cadena. ¡Y cuántas sorpresas nos podemos llevar!

Los datos se han empezado a distribuir públicamente esta misma semana y son más que interesantes, toda una revolución que cambiará la manera en que las cadenas valoran sus programas. De hecho, hace mucho tiempo que los canales de pago están midiendo así, de la mano de Rentrak, pioneros en medición de audiencias de la televisión de pago. Ellos son los responsables de proporcionar las pruebas que afirmaron en su momento que el estreno de “We love Tamara”, un reality de Cosmopolitan que seguía a la pijísima hija de Isabel Preysler por su apretada agenda, fue un éxito rotundo, pese a que sus datos en el estreno apuntaran a todo lo contrario. No solo era uno de los programas más descargados de la plataforma en los días posteriores a su estreno, es que además había espectadores dispuestos a pagar por ellos, utilizando la opción que permitía adelantarse al estreno por un módico precio de algo menos de un euro.

Es tiempo ya de dejar de lado los datos de share, de fijarnos solo en quienes ven un programa una noche determinada a una hora concreta y buscar más allá del interés puntual; pero, aún más importante, ha llegado el momento de pensar muy en serio de qué manera se monetiza todo este consumo diferido. Toca ponerse a estudiar y buscar la manera de mejorar la experiencia de los usuarios con las marcas mientras no perdemos de vista que ellas son realmente quienes pagan la fiesta. Se avecinan cambios y estamos seguros de que todos tenemos mucho que ganar en ello.

Créditos de la imagen: scanrail

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Publicado en: Series, Sin categoría, streaming, Televisión

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