¿Serán los robots los Shakespeare y los Cervantes del futuro?

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Los medios nos bombardean con la noticia de que los robots harán desaparecer muchos de los empleos que hoy conocemos y con los que nos ganamos la vida.  Yo soy escritora. En principio, la razón nos lleva a pensar que cuanto más creativa sea una profesión más debería tardar en desaparecer. En cambio, las inversiones de las grandes compañías en tecnología destinada a este fin contradicen ese razonamiento. La inteligencia artificial, es decir los robots que aprenden según reciben información, es la clave. Ya han surgido los primeros experimentos con estos robots en el campo de la literatura y vienen de la mano de los grandes. ¿Serán estos los primeros pasos para la desaparición de los escritores y poetas? Veamos el tema con calma y ejemplos…

  • El concepto de renta básica universal, es decir, la hipotética renta que percibiremos cuando los robots puedan realizar la mayoría de las tareas que hoy realizamos en nuestros trabajos y que nos permitirá vivir sin trabajar a la mayoría de los seres humanos, se empieza a colar en nuestro vocabulario y, a base de oír hablar de ella, ni siquiera nos parece descabellada.
  • En el Foro Económico Mundial de Davos se dijo que en los 15 países más industrializados del mundo peligran más de siete millones de empleos de aquí a 2020.
  • La OCDE alerta de que el 12% de los trabajadores españoles puede ser sustituido por robots en un futuro cercano.
  • Comisiones Obreras considera que los robots pasarán de ocupar un 26%  de los puestos de trabajo en 2020.

Estas noticias causan diferentes reacciones entre nosotros:

Los más pesimistas se preocupan cuando las piensan a corto plazo, y leen titulares como: La automatización amenaza a la cajera del Mercadona, ¿Cuándo te robará el trabajo un robot? O ¿Vas a ser reemplazado por un robot? Los optimistas, en cambio, creen firmemente en la Renta Básica Universal y están deseando que los robots avancen lo suficiente para permitirnos a los humanos vivir sin trabajar.

Contribuyen a incrementar estas preocupaciones o sueños, según sea el caso,  estudios avalados por entidades muy reputadas como la BBC o la Universidad de Oxford predicen el orden de desaparición de las profesiones según vayan siendo asumidas por los temidos (o no tanto) robots:

  • Entre los primeros en desaparecer, serán, según estos estudios, los teleoperadores, o los puestos administrativos, pasando por los mecanógrafos (sí, todavía existen) o por los empleados de banca o de correos.
  • En los últimos lugares se encuentran profesores, los directores de hotel y  psicólogos. ¿Serán los psicólogos para atender aquellos que hayan perdido el trabajo? ¿Los directores de hotel porque será el negocio del futuro cuando pasemos el año de vacaciones con nuestra Renta Básica Universal? Esto último no suena mal.
  • Los que se dedican a estas profesiones no sé si se encuentran más tranquilos porque su trabajo no va a desaparecer o se plantean por qué, mientras el resto de las personas estarán en la playa disfrutando de una renta vitalicia gracias a los robots,  ellos van a tener que estar trabajando.
  • Lo cierto es que las últimas profesiones en desaparecer son aquellas con un fuerte componente vocacional: Trabajadores sociales, enfermeros, terapeutas de distintos tipos, médicos, etc…, en general profesiones asistenciales, que requieren altos grados de empatía.
  • Los informáticos (al menos la mayoría de perfiles) también pueden estar tranquilos y, si lo pensamos bien, en sus manos estará el futuro del mundo: En Octubre del 2017, el New York Times calculaba de  que solo existen 10.000 expertos en todo el mundo que puedan enseñar, programar o controlar a una inteligencia artificial. En veinte años se necesitarán muchas veces esa cifra.

Si a alguien le surgen las dudas de qué va a ocurrir con su profesión, puede consultarlo en internet. La propia página de la BBC nos permite calcular cuándo un robot nos robará el trabajo entre una lista de 366 profesiones genéricas. Compruébalo tu mismo poniendo la tuya.

9739823 - illustration of a robot holding a penNo he podido resistirme a consultar la mía. Soy escritora, así que me encuadro en la categoría de «Autor, escritor o traductor». Puedo quedarme más tranquila que el vendedor telefónico pero mucho menos que el psicólogo, ya que mi posición como escritora es la 220 sobre 366; es decir, que los robots harán desaparecer 219 profesiones antes que la mía, y 145 después. Esto me lleva a la reflexión de que, yo es posible que consiga jubilarme con mi profesión, pero si mi hijo quiere ser escritor, debería quitarle la idea de la cabeza, y  proponerle que se haga  profesor o psicólogo. O, ¿por qué no? Director de hotel.

¿Qué pasa entonces con los escritores? ¿Por qué estamos en la parte media alta de la lista y no en los últimos puestos?

La razón nos lleva a pensar que cuanto más creativa sea una profesión más debería tardar en desaparecer. Pero las inversiones de las grandes compañías en tecnología para este fin contradicen ese razonamiento. La inteligencia artificial es la clave.

Veamos algunos de los primeros experimentos con estos robots en el campo de la literatura, que vienen de la mano de los grandes:

-Ya está a la venta el primer libro de poesía escrito íntegramente por un robot: Un programa de inteligencia artificial que, para aprender la técnica del verso, se leyó más de 10.000 poemas creados por 519 poetas durante los últimos 90 años, hasta lograr escribir de su puño y letra un extenso poemario de 10.000 sonetos en 2.760 horas. Para que nos hagamos una idea, un poeta humano habría tardado en hacer lo mismo, con dedicación completa, más de un siglo, es decir, que no lo habría conseguido.

¿De la mano de quién ha surgido esta iniciativa? El robot poeta se llama Microsoft Little Ice, ¿necesitan alguna pista más? La luz solar se perdió en la ventana de cristal es el primer libro publicado de este autor robot con 139 de los poemas escritos. La editorial china Cheers Publishing  lo lanzó al mercado en Mayo del 2017.  No está nada mal para un autor novel, sea este humano o robot.

-Un relato de un escritor robot llegó a las fases finales de un concurso literario japonés: El concurso es el Nikkei Hoshi Shinichi Literary y el relato titulado El día que un ordenador escribe una novela, suponemos que autobiográfico. El relato fue fruto de una colaboración de autores, robot y humanos en una iniciativa dirigida por la Universidad japonesa Future Hakodate.

Es importante aclarar que es un certamen pionero, ya que permite presentar su obraautores no humanos, eso sí, sin que los jueces sepan si el autor es robot o humano. Aun así, en la edición la competencia fundamental de los robots era la humana, pues de las 1450 candidaturas recibidas, solo 11 habían sido escritas por una máquina.

  • Google ha invertido 700.000 euros en el proyecto RADAR de The Press Association, un robot software que tiene como objetivo escribir 30.000 noticias mensuales. Este robot se encargará de transformar datos en contenido que pueda ser publicado y distribuido de forma automática sin intervención humana.
  • La última aventura escrita de Harry Potter no ha sido obra de J.K. Rowlling sino de la tecnología de Botnik Studios. Todos los expertos coinciden en que el resultado ha sido raro, aunque prometedor porque consiguió imitar el vocabulario de la saga creada por Rowlling. El mismo software lo ha intentado también con Juego de Tronos. Decidieron alimentarlo con las aventuras de la saga a ver si era capaz de escribir el libro que George R.R. Martin no consigue terminar. De momento el resultado es que «al menos las frases son relativamente comprensibles y la máquina puede deducir sus propias hipótesis sobre las tramas, entre lo que marca el autor y lo que desean los fans». Varios autores colaboran con la compañía que lo crea.
  • El MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) ha creado a Shelley, la primera inteligencia artificial escritora de cuentos de terror. Shelley ha leído 140.000 cuentos de horror publicados por escritores amateur en un foro de literatura en internet. Shelley no ha podido disfrutar de la lectura de los grandes del género porque los derechos de autor no lo permiten y porque no existen suficientes para que Shelley aprenda tanto como para poder empezar a escribir. Shelley escribe en Twitter (@shelley_ai ‏colaborando con humanos en la creación de sus cuentos de terror. Ha tenido un éxito relativo: se lanzó en septiembre de 2017 de forma revolucionaria, pero de momento solo cuenta con algo más de 6000 seguidores.

Estos no son más que algunos ejemplos de las muchas iniciativas literarias que surgen en el mundo de la inteligencia artificial: podríamos citar muchos más, desde el robot que escribe Rap al que genera nuevos diálogos de la serie Friends a partir de los diálogos originales de la serie.

A pesar de que los resultados son, de momento, meras tentativas de literatura, se están generando muchas expectativas, tanto así que un estudio del Future of Life Institute prevé que la inteligencia artificial podrá crear un best seller en el 2050.

¿Serán estos los primeros pasos para la desaparición de los escritores y poetas?

De momento, la tecnología aplicada a la creación literaria solo genera éxitos de ventas en otros modelos, mucho menos creativos, al menos en lo que en la parte literaria se refiere.  Me refiero a lanzamientos como el de la compañía Lost My Name, que lleva vendidos un millón de ejemplares del cuento infantil personalizado “El niño que perdió su nombre”. El texto principal está creado por un autor humano y la labor de la tecnología es personalizar el cuento en función del nombre, género y ubicación del niño. El cuento se ha vendido en más de 136 países en todo el mundo.

Pero… ¿llegará de verdad  la inteligencia artificial a crear títulos que ocupen los primeros puestos de las listas de ventas?

92853862 - human hand touching an hand.La evolución de la inteligencia artificial en otras áreas nos indica que es posible que las nuevas tecnologías lleguen a crear best sellers en un futuro si consiguen imitar las fórmulas de éxito de los grandes autores, pero ¿eso es lo mismo que decir que  harán desaparecer a los escritores?

Hasta ahora la inteligencia artificial se ha basado en la parte que mejor comprendemos del cerebro humano: La izquierda, que es la que se ocupa del lenguaje, de la capacidad de análisis, de la lógica, de los problemas numéricos, etc…, por ello podrá llegar a generar una técnica literaria impecable, además de corregir y organizar la estructura de cualquier obra.

En cambio, sobre las funciones del hemisferio derecho del cerebro, es decir, de los sentimientos y de las emociones, la inteligencia artificial está tan pez como los propios humanos: es incapaz de crear en base a sentimientos. La inteligencia artificial no tiene capacidad de imaginar porque no siente, no sufre, no se alegra, no tiene alma. Lo que sí que puede hacer es recopilar la expresión de las emociones de otros autores para, en base a ellas, escribir poemas o historias. Esto significa que la inteligencia artificial imita, pero no crea.

Esto me lleva a pensar que los robots no acabarán con los escritores ni con ninguna profesión donde primen las emociones, pero sí podrá ser de gran ayuda para plasmar esas emociones en historias con una técnica literaria impecable. Será una herramienta mejor y más rápida que sustituirá a los actuales ordenadores, que ya sustituyeron a la máquina de escribir, que a su vez sustituyó al lápiz y al papel, que a su vez sustituyó a las plumas de ave mojadas en tinta y a los pergaminos, que a su vez sustituyeron a la trasmisión oral de la cultura.

Pero sobre todo, los escritores no desapareceremos por una razón fundamental: El escritor escribe porque lo necesita, es una droga, una pasión, necesita sacar en forma de historias lo que tiene dentro. Si los escritores escribiéramos por dinero, la literatura hace mucho que se habría extinguido.

Ana Lena Rivera

Ana Lena Rivera, escritora y tecnóloga. Apasionada de la novela negra desde la infancia y de la tecnología desde que la vida profesional la puso en mi camino. Soy la autora de la serie de novela de intriga protagonizada por Gracia San Sebastián. El primer caso de Gracia, Lo que Callan los Muertos, ha recibido el Premio Torrente Ballester 2017 y ha sido finalista del premio Fernando Lara 2017. Me licencié en Derecho y en Administración y Dirección de Empresas por ICADE y la pasión por la tecnología me llevó a pasar veinte años dedicada a ella, los últimos como Directora de Informática, tecnología e Innovación en una gran multinacional. Nací en Asturias, pero vivo en Madrid desde mis tiempos universitarios. De vez en cuando necesito oler el mar, el Cantábrico, fuerte, vibrante y peligroso, como las novelas que os escribo.

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