Twitter en los tiempos del cólera

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Tranquilos, no vamos a hablar aquí de los numerosos ataques de cólera que más de una vez hacen que los fans de cantantes, escritores, actores o cualquier personaje popular eleven a trending topic algunas de las perlas que salen por su boca o la de alguno de sus detractores. Sí en cambio, de las cosas que en estos tiempos, algunos creadores de productos de entretenimiento o sus fans, desarrollan en redes sociales como Twitter, aunque a veces tengan como trasfondo esencial un tiempo pasado en el que no existían ni los ordenadores.

Y es que hoy en día parece que si algo no pasa en Twitter, no existe; y llegamos a elaborar estrategias de promoción ciertamente extrañas, como hacer que los personajes de una serie ambientada en el siglo XIX tenga a sus protagonistas comunicándose con los fans a través de esta plataforma. Tan extraño como el famoso gazapo en Ben Hur que mostraba a uno de los actores con un reloj en su muñeca y, sin embargo, pasado por alto por completo entre los seguidores de las series, que aceptan el anacronismo como parte de una nueva realidad en la que es más importante la comunicación bidireccional que ajustarse a la realidad.

En España lo hemos visto muy recientemente con la emisión de Víctor Ros en TVE, que cada noche convoca a los espectadores a la televisión y al mismo tiempo a Twitter, donde el propio investigador comenta su día a día desde la red, una red que ni existía ni nadie imaginaba en el siglo pasado. Del mismo modo que se fuerzan los decorados y efectos digitales para hacerlos llamativos aunque poco creíbles, poco naturales; buscan un guiño, una conexión con el espectador.

No es la primera vez que en las series españolas se juega de esta manera, incluso hemos tenido una historia paralela contada en Twitter por medio de los perfiles de los personajes cuando Antena 3 estrenó El Barco, una apuesta por una serie de aventuras que, además de ocurrir en la pantalla, tenía historia y vida en la red, por medio de las conversaciones que se desarrollaban en el timeline de los protagonistas y sus seguidores, manteniendo vivo el interés y la acción más allá de la propia historia que tenía lugar en solo hora y media de parrilla.

Una manera de mantener a los fans atados al producto durante toda la semana, una herramienta de conexión, de fidelización con un espectador que, llegados al extremo de la pasión por el producto, puede lanzarse a hacer el trabajo por sí mismo, con los consiguientes riesgos que esto supone. Lo vimos hace unos años con Mad Men, serie de culto que, por ocurrir en un tiempo en que las redes sociales no existían, nunca se planteó crear perfiles de sus personajes para comentar su historia pero que vio cómo estos afloraban, concretamente en Twitter, para conversar entre ellos, compartir detalles de su día día en la oficina y, en última instancia, molestar a los productores de la ficción, que denunciaron la situación y forzaron el cierre de los perfiles. Una decisión desde el punto de vista creativo y de imagen de la serie bastante lógica, pues es complicado dejar en manos de personas ajenas a la obra la representación de sus personajes fuera de la televisión, pero que dado el buen trabajo hecho de este caso en particular y el buen resultado que estaba dando, bien podría haberse incorporado.

Posiblemente fuera una cuestión de purismo por parte de AMC, que no consideraba adecuado mezclar los tiempos en que suceden las tramas en Mad Men, que no encontraban sentido creativo a posicionar a sus personajes en un tiempo que no es el suyo, como si esto fuera a desvirtuar todo el trabajo, extremadamente meticuloso, hecho para dotar del realismo más absoluto a lo que vemos en pantalla. Casi hasta podemos entenderlo, aunque años más tarde la realidad sea cabezota e insista en la importancia de utilizar Twitter para conectar con los seguidores de cualquier cosa que salga en pantalla, independientemente del tiempo en que se ambiente.

Una opción inteligente y más conservadora en este sentido, cuando se quiere hablar con los espectadores al mismo tiempo que se emite la serie, pero no se quiere desubicar al personaje, es hacerlo con los propios actores, guionistas, productores. Una especie de “making of” o “tras las cámaras” que puede aportar mucho a la emisión del programa. Invitar a personajes conocidos a comentar un estreno con los responsables del canal es otra práctica que hemos podido ver recientemente, pero con la que se corre el riesgo de distraer y no permitir una auténtica inmersión en la historia.

En definitiva, uno podría preguntarse: ¿por qué esta obsesión con Twitter? ¿Es que realmente hay que estar ahí para ser exitoso? ¿Hasta qué punto se alimenta la televisión de lo que sucede en redes? Podría parecer que se están sacando las cosas algo de quicio y la tentación de obviarlo y limitarse a hacer buenos productos es inevitable pero claro, luego llegan los estudiosos del tema y muestran datos que afirman la correlación entre buenas audiencias y actividad en redes y el vértigo es insalvable. Aunque es cierto que aún está por definir si fue antes la gallina o el huevo, parece que todo apunta a que hay que estar ahí o al menos conviene hacerlo por la buena salud del producto. Es más, incluso hay estudios que afirman que antes de tener los datos de audiencia se puede predecir el éxito de un programa, en función de lo que de él se haya dicho en Twitter desde seis semanas antes de su estreno hasta dos semanas después del mismo. En una sencilla pero muy elaborada investigación en la que se analizan hasta 42 elementos, Nielsen afirma poder predecir qué programas estarán el Top 10 de los más exitosos y cuales en el Top 10 de los menos destacables. Todo un reto para creadores y un pozo de sabiduría para quienes sepan analizar estos datos.

Con informaciones de estas características, ya nos parece más normal que haya personajes de ficción tuiteando por todas las esquinas de nuestro timeline, aunque en su época no hubieran siquiera imaginado una herramienta así.

Créditos de la imagen: Cristina Saint Marche

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